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dilluns, 26 de desembre del 2011

CON EL 2012... CAMBIOS

Nicolás Maquiavelo dijo: “El fin justifica los medios” indicando que hay que estar por encima de la ética y la moral dominante para conseguir los objetivos, justo lo contrario que Hermann Busenbaum quien en su manual de ética apostilló “El fin no justifica los medios”. Sin embargo también dijo en referencia a ello “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”. ¿A santo de qué esto?

Los humanos somos animales de costumbres. Los deportistas y como en mi caso los entrenadores, llevamos el significado de esa palabra al extremo. Por eso, aquellos hábitos relacionados directamente con experiencias positivas y en algunos casos las que no fueron del todo negativas (estas últimas en el caso de los menos ambiciosos), los convertimos en  fetiches.

Esas rutinas, serán los cinceles con los que intentaremos marcar nuestro futuro inmediato. Para bien y para mal. En el peor de los casos, con la experiencia cambiaremos algunas de ellas, lógicamente. Pero si el resultado es el deseado o incluso mejor, por norma rodearemos de esos fetiches cualquier actividad de cierta importancia para nosotros, aunque tengamos que saltar 11 veces sobre el pie izquierdo y lo tengamos lleno de ampollas.

Desgraciadamente, incluso en los mejores momentos hay decepciones. Es entonces cuando esas rutinas con las que se escalaron las montañas más altas, son arrinconadas dejando de considerarse como los medios mediante los que se consiguió alcanzar la cima, con tendencia a relacionarse únicamente con la decepción.

La en otrora hoja de ruta que marcó los tiempos y los descansos, que marca donde están las señales y por donde llegar a ellas, la distancia que te mantiene lo suficientemente alejado del laberinto para poder ver el camino a seguir, se convierte simplemente en cómplice del mal trago. El culpable eres tú.

No queda otra pues, que adentrarte en un bosque de cambios e ir redescubriéndote a la vez que encuentras el camino a andar, hallando las líneas que dibujaran el nuevo mapa. Para bien y para mal. En el primer caso, a ojos de los profanos serás un genio por haber descubierto el acceso a la cumbre por otra ladera.
Si el resultado no es el deseado o incluso peor, te dejen o no terminar tu trabajo quedarás como aquel que en el pasado tuvo suerte, pero que en realidad no tiene ni idea. Eso sí: tu y tal vez el que duerme en la cama de al lado en las concentraciones, conocerás los motivos de esos cambios, pero nadie mas. Ni siquiera las figuras del ajedrez. Lo que piense el resto…

La sensación personal, será la misma que cuando plantaste la bandera en ese 10.000 y después te dijeron que no se homologaba la marca, pero una gran diferencia marcará las dos temporadas, aunque tu ánimo sea el mismo: el resultado final y el modo de recorrer el camino hasta llegar a él.

Los medios serán justificados por el intento de mantener en pie aquello en lo que creo, sea cual sea ese resultado ¿Convivir en cada entrenamiento con ello? La experiencia será mi aliada. El trabajo mi argumento.

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